Descripción del trabajo

Soy Colombiana y vivo en Nueva York. Las carpetas de crochet, el encaje, textos de literatura y escritura automática han sido los temas primordiales de investigación para examinar lo que tiene que ver con lo femenino, la identidad y la memoria. A través del proceso de desenrollar una estructura de un tejido de crochet, de dibujarla cuidadosamente, he llegado a una manera de investigar a profundidad el dibujo y ahora la pintura como un camino poético que marca el tiempo y expresa humanidad.

En el pasado, he traducido novelas e historias y las he escrito a mano a través del dibujo, inscribiéndolas dentro de estructuras de crochés. Además he trabajado con las palabras como si fuesen un material tangible. Al copiarlas a mano, el cuerpo asume el lenguaje de una manera distinta al ojo, pierde su particularidad y se vuelve indiscernible como en un tejido. El texto se transforma en un elemento visual, y aunque retiene algo de su significado original se disipa en la red de la memoria.

Al reactuar el proceso de tejer a través del dibujo y de dibujar como si fuese un performance llego a lo que son las vísceras de “tejer”. El resultado es monumental, intrincado y elaborado con pequeñas marcas de pincel. Mis trabajo puede tener la influencia de artistas modernas norteamericanas como Agnes Martin o de feministas como Myriam Shapiro pero están profundamente enraizado en las baldosas españolas de orígenes moros de la casa de mi abuela, en sus crochés, y en los encajes de los virreyes y monjas de la pintura colonial. En mi trabajo apunto al pasaje entre lo modernista, lo patriarcal y lo personal y femenino; esbozo además el umbral en flujo que es el vivir entre dos culturas y dos idiomas.

En los últimos tres años vengo desarrollando una investigación sobre las imágenes de flora y los encajes en la pintura colonial en Colombia, y también sobre la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada de 1783. Este último hace parte de la historia iconográfica de Colombia y también de mi propio archivo icónico/ cultural, al haber visto muchas de estas plantas no solo representadas en las ilustraciones coloniales pero también creciendo y siendo cultivadas en el patio de mi casa en Bogotá.

Estas imágenes en mi lexicón cultural se han vuelto emblemáticas no solo de los procesos de neo colonización y de relación de poder entre norte y sur, donde parte de esa flora colombiana continua en proceso de historia y se encuentra en tela de juicio para posiblemente ser patentada y comerciada por multinacionales a través de los tratados de libre comercio de Bush: -O sea que la pasiflora de Mutis podría reencarnase en la de Dole o Pfizer-.

El tema de flores, estas, inspiradas en el arte colonial, la Expedición Botánica, y en las rosas de exportación que vienen de Colombia y que veo a diario en los congeladores de los "delis" en Nueva York me hacen reflexionar acerca de lo que significa pintar flores y encajes en el ámbito de las instituciones de arte, galerías y museos, acerca de las nociones de feminidad dentro de la historia del arte y su significado al interior de los distintos sistemas de poder.

Al ir dibujando y creando piezas que son de gran formato me acerco a la historia y creo una conexión con lo moderno, lo masculino, lo heroico, lo monumental a través de unos gestos que son pequeños, que se insubordinan a su tamaño, como quien trata de vaciar un lago con una cucharita. Estos gestos van dirigidos hacia adentro, son sicológicos y emocionales tienen que ver de nuevo con lo que es asociado con lo femenino, lo sentimental y decorativo, por ende: "no interesante" en los ámbitos "serios".

Históricamente el crochet y el encaje han sido tradicionalmente herramientas para enseñar feminidad pero también han sido útiles en la resistencia a órdenes patriarcales. Paradójicamente, también, representan conformidad y sumisión a esos estándares tradicionales. Al jugar con estas contradicciones exploro visualmente y conceptualmente los esfuerzos de muchas mujeres en generaciones previas e invito al espectador a percibir la simultaneidad de lo que podría ser anacrónico pero a la vez es contemporáneo y experimentarlo de una forma estéticamente fuerte y política.

Aludo formal y conceptualmente a una especie de “minimalismo barroco”‚ las imágenes son maximalistas pero manejo deliberadamente una economía de materiales, utilizo hojas grandes de mylar que cuelgo con pequeñísimos y casi imperceptibles alfileres, instaladas, cada hoja queda al raz de la pared. El uso del mylar en conjunción con el esmalte insinúa cierta fisicalidad como la de los retablos coloniales, pero el gran formato transforma la lectura a algo muy distinto y que reta las lecturas fáciles y estereotipadas.

El tiempo que me toma producir cada dibujo es prolongado. En algunos de ellos he trabajado durante meses dibujando cada día, y esa “labor intensiva” es acerca de la lentitud, de cavilar, y de hacer una investigaciones que enaltecen lo manual y acciones diminutas que implican repetición, como lo son las labores de la casa. Cada gesto es indeleble pues no permito la posibilidad de borrar, es algo que indago a propósito como eco de lo que es el trayecto, los pasos que se dan uno a uno en el espacio y el tiempo. Mi arte está intrincadamente interrelacionado con el manejo doméstico, con las responsabilidades laborales, las de mi carrera y las de sostenimiento de una familia. Mis opciones de vida están integradas éticamente dentro de mi trabajo artístico y reflexiono acerca de los roles que históricamente han sido adjudicados a la mujer en términos de la división de labores y aún en la división de los espacios artísticos e intelectuales.










































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